Ayer burgués, hoy hippie con OSDE

Para la columna de hoy nos enfocaremos en una tribu urbana latente en la sociedad: los ex burgueses o, como me gusta llamarlos, “hippies con OSDE”.

Sabemos que este grupo humano no apareció hace unos días; ya desde los años 60‘ tenemos que lidiar con su existencia, su buena vibra y su atractiva indumentaria. Las manifestaciones pacíficas de aquellas épocas eran multitudinarias, el consumo de drogas, moneda corriente y el amor libre, la bandera por excelencia.

Básicamente lo que estos sujetos planteaban era el rechazo absoluto al sistema; dándole la espalda al capitalismo y velando por la paz mundial (sí, manejaban el nivel de inocencia de un niño de 5 años). Y, cuando creímos que esta filosofía había concluido, la vida nos vuelve a topar con sujetos inscriptos en este movimiento.

Personalmente, creo que todo hippie es un hippie con OSDE. No conozco personas realmente pobres que hayan decidido volcarse al hippismo; más aún, no conozco personas pobres que hayan sido capaces de decidir. Generalmente el hippie con OSDE es un sujeto político de clase media/alta que es consciente del daño y sufrimiento que produce el sistema capitalista en el mundo y cree que, para derribarlo, lo mejor es ignorarlo.  (Es importante aclarar que para llegar a esta conclusión tuvo que tener algún tipo de privilegio educativo)

¡Qué impotencia me dá! Ver personas llevando un discurso naturista y, paradójicamente, drogándose con productos de laboratorio, desperdiciando todos los beneficios de clase con los que fueron criados y creyendo que salvan el mundo.

Spoiler Alert: queramos o no, todos estamos dentro del sistema. La lucha pasiva y sedentaria le es exactamente funcional al capitalismo porque implica la rendición y separación del conjunto de la sociedad. Y no hace falta decir que alienados somos más débiles… o sí.

Dudo que exista alguna forma de cambiar el mundo pero de algo estoy segura, si esto fuera posible tendría que ser desde adentro y de forma colectiva. Estudiemos, leamos e intentemos aprovechar todo aquello que obtuvimos gracias al azar, que solos, quietos y sedados es imposible.

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Me cuesta ver trans en la tele

Miento, no solo me cuesta ver personas trans en la tele sino también homosexuales, machistas y feministas.

¡Paren! Preciso que, antes de injuriarme así, lean esta columna hasta el final.

Les cuento bien lo que pasó: ayer mientras veía una serie (Sex Education para los curiosos) comencé a preguntarme cómo puede ser que existan novelas capaces de tocar problemáticas contemporáneas y cuestiones de género de una manera tan increíblemente bella.

Cuando digo “bella” no me refiero a la estética, no pido tanto; sino a aquella belleza que surge cuando lo que estoy viendo es verosímil y se asemeja tanto a la realidad que florecen en mí verdaderas emociones.

Lamentablemente, lo que ocurre la mayoría de las veces es que quienes crean estos contenidos audiovisuales toman conceptos e ideologías de modé en la sociedad y se sirven de ellos para no quedar atrás y así vender más. Entonces no importa que el diálogo entre personajes no se entienda, que las historias de cada uno recaigan en clichés monumentales, sino solo mostrar que estas personas están y tienen un lugar en su discursiva = Este es el gay amanerado, acá la mujer trans vestida de carnaval, por acá tenemos al machista femicida a quien podés reconocer a una cuadra de distancia, acá la lesbiana mala onda, y seguimos…

Las consecuencias son atroces y las resumí con la siguiente sigla: C.E.S.      

Confusión: no hubo investigación profunda del tema entonces quienes interpretan a los personajes se aferran a rasgos superficiales y estereotipados que no transmiten nada, de lo contrario, confunden.

Exageración: los creadores de telenovelas quieren que se sepa que están tratando problemas de género en la tele por lo que la exageración de ciertos atributos resulta estratégica. “Sí, hablamos de feminismo en la tele ¿No ves? Tiene un pañuelo, está rapada y está enojada”.

Subestimación: del público. Ocurre cuando intentan explicar teoría de género de una forma tan descarada que uno comienza a preguntarse si, capaz, cambió de canal  a un programa informativo sin darse cuenta. A mi parecer, es la peor consecuencia de todas porque sugiere que los televidentes no entienden si no se les lee crudamente lo que plantean los intelectuales pertinentes en el tema.

Queridas Productoras Audiovisuales:

Quiero creerles, quiero que me despierten empatía en ese sujeto diverso que no soy yo; poder comprenderlos, poder sentir un poco de lo que él o ella siente a diario y que es tan difícil de explicar solo con palabras y accesorios. No muestren, produzcan.

Ana Rugilo Escribe

Vacaciones T☠xicas

Objeto de estudio: Vacaciones de verano en Argentina.

Si bien la palabra “vacaciones” nos genera una idea de tranquilidad, descanso y disfrute, pareciera que el receso laboral/estudiantil enciende una chispa en los argentinos, que se empeñan en sacarle el jugo a esos días de franco de principio a fin.

Y es que creo que en Argentina las vacaciones de verano siguen haciendo alusión a los EXCESOS de todo tipo: de sol, de alcohol, de gasto y de comida ¿Cómo lo sé? Pasé un fin de semana de la segunda quincena de enero en Playa Bristol, Mar del Plata y creo que el total de la sociedad puede verse reflejado en ese conjunto ínfimo de argentinos que eligen este lugar para vacacionar ¿Acaso #AnaRugiloEscribe está basándose en un reduccionismo para hablar de todos los ciudadanos de la República Argentina? La respuesta es sí, definitivamente.

¿Por qué necesitamos descansar rodeados de cientos de personas que no conocemos? ¿Por qué estar más bronceado implica estar más lindo/a? ¿Por qué cuanto más alta la música estamos más contentos? ¿Por qué tenemos más hambre y comemos más cuando estamos de vacaciones? … ¿Podemos seguir así un rato largo, no?

No se confundan, considero que este modo de vivir las vacaciones no representa únicamente a una clase socioeconómica, no tiene que ver con la plata, sino con una cuestión cultural transversal a todos los sectores del país, pobres o ricos, todos transportamos esta mochila pesadísima que viene desde hace varias generaciones atrás y que ya es momento de apoyar en algún lado.

En vacaciones estamos casi obligados a pasarla bien, a sonreír y a gritar de felicidad… esto cuesta muchísimo. En el tercer mundo pasarla bien es olvidarte por un rato de toda la m****a que está pasando en el país, es apagar la cabeza y distraerte como puedas.

La idea es más o menos así = “Estuviste todo el año dándolo todo así que estos 15, 7 o 3 días tirate al vació de la felicidad extrema y hasta que no la pases bien, como vos sabés, no pares”.

 Y ahí está. La forma más fácil que tenemos de hacerlo es recurriendo a prácticas que a la larga terminan siendo tóxicas ¿O acaso no tenés ese familiar, amigo o conocido que se insoló en la playa, que se zarpó con la comida y terminó descompuesto, que bebió demasiado, que quiso hacer mucha actividad física en dos días y terminó lesionándose?

Me parece que es hora de ayudar a que el cambio de paradigma hacia uno más sano ocurra de una vez; dejar de lado las exigencias que cargamos con nosotros e ir de a poco. El disfrute no puede ser inmediato porque de ese modo jamás podría sostenerse en el tiempo y que, a veces, menos es más.

EXITO KARDASHIAN

Entonces hoy es martes 22 de enero y tengo que publicar la columna de opinión más atractiva que existe para que ustedes vuelvan la próxima semana. Pienso… ¿Qué fenómeno podría analizar esta vez, que todos conozcamos y que a todos nos impacte de algún modo (seamos conscientes de ello o no)?

¿Se te vino a la cabeza la misma idea? Objeto de estudio: clan Kardashian.

Ilustraré sus rostros con la siguiente foto para quienes no las conocen muy bien:

Sí, podemos hacer muchas observaciones. Estas mujeres son amigas de las cirugías, del dinero y del capitalismo en sí. Pero, a diferencia de lo que creen, este artículo no brindará comentarios recelosos hacia ellas sino una serie de hechos que sucedieron desde su llegada a la fama mundial:

1)Las hermanas K pasaron por el quirófano reiteradas veces, sacándose y poniéndose, agrandándose y achicándose. Y los resultados están a la vista: cuerpos y rostros de muñeca cuya gestualidad perdió naturalidad hace mucho tiempo e incluso fueron imitados alrededor del mundo por cientos de mujeres. (Todavía podemos agradecerles no haber adelgazado a pesos extremos y mantener, aunque plásticas, ciertas curvas).

2)Se nos dijo la posta. Para tener la cara angulosa, los labios grandes, la nariz fina y puntiaguda tenemos dos opciones. O nos operamos o nos hacemos un buen maquillaje al estilo Kardashian con un set de “contouring” que dibuje una máscara por sobre nuestros rasgos. Francamente, sentí un gran alivio al ver todos los videos tutoriales que las hermanas subieron a YouTube mostrando sus “antes y después”, y respaldando la idea de que para ser bella hay que ver las estrellas.

3)Finalmente en los medios de comunicación se habló de la existencia de los ataques de ansiedad. Al parecer la fama hollywoodense no está tan buena como creíamos: ser perseguido por los paparazzi las 24 horas, derrochar el dinero, tener millones de seguidores que te aman y te odian al mismo tiempo pendientes al contenido que vas a subir próximamente, no es algo sano. Casi todas las mujeres del clan Kardashian revelaron haber sufrido episodios de ansiedad y ataques de pánico que demuestran que estas vidas extraordinarias que espiamos desde el otro lado de la pantalla no son tan perfectas como creíamos.

¿Qué me parece interesante del fenómeno K?

Que en ellas veo reflejada la dicotomía entre ser económicamente exitosas y físicamente atractivas contrapuesta a las exigencias que sufren desde el entorno y desde ellas mismas. La sinceridad con la que presentan las consecuencias que acarrea llevar este tipo de vida me asombra como ninguna otra y creo que esta cualidad las ubica en el lugar de víctimas antes que otra cosa.

El éxito Kardashian es insaciable, inconformista y no le importa poner el cuerpo en peligro reiteradas veces con tal de generar dinero ¿Tentador no?

Lo primero es aceptarlo

Empiezo a ordenar las ideas en mi mente para saber de qué voy a escribir en la primer columna del blog. La televisión está encendida hace rato con algún noticiero sensacionalista de fondo, mi perro Bartolo de raza Shih Tzu (un digno perro chiquito blanco) no para de ladrar, los mensajes de Whatsapp y notificaciones de las redes caen como timbrazos a mi celular, y la impaciencia comienza a tomarme el cuerpo.

Mirá que hay tanto para decir… Ya sé, pero quiero que el primer artículo publicado sea disruptivo, revelador, el mejor de todos, un “Puto el que lee esto”, como diría Fontanarrosa. Que cuando mi pequeño puñado de lectores entre, sienta un alivio al notar que siguen habiendo personas con ánimos de hacerse entender, hacerse escuchar y compartir sus frustraciones con todos, cosa de que no se nos haga tan duro.

QUÉ DIFÍCIL. Voy a ir de a poco, uno por semana. Uno que valga la pena ser leído en el colectivo, en el baño o antes de dormir ¿Viste? En esos momentos donde si bien estas relajado, necesitás un choque los cinco, una compañía, un debate contigo mismo, o conmigo.

Propongo un día ¿Martes? Bueno dale, vamos con los martes. Todos los martes desde ahora.

Pros: ya pasó la angustia del domingo y la exigida fuerza de voluntad que conllevan los lúnes. Estamos de nuevo en la rutina, ya sea rutina laboral, estudiantil o vacacional (vos y yo sabemos que la rutina es necesaria en todos los estados humanos).

Contras: ya me comprometí con algo más y ahora no hay vuelta atrás. Canto, gimnasio, terapia, estudio y ahora un blog ¡Increíble la capacidad que tengo para meterme en estas cosas! Pero bueno… supongo que tengo algo interesante para decir.

Te espero el próximo mártes acá, tranquilos, lo voy a publicar por todos lados se van a enterar si o sí.

Ana Rugilo Escribe.